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Nerviosa era muy poco para definir cómo me sentía cada vez que Rodrigo me hacía la preguntita de la videoconferencia.

Aún no había tenido tiempo de definir los porqués de su intempestivo interés en mi aplicación. No había tenido tiempo de entender qué tan conveniente era esa fusión y todo, por haber estado este tiempo acostándome con él.

— ¡Dios... qué estúpida soy!

Me regañé a mi misma en voz alta. Me quería golpear, pero no iría tan lejos.

Una única norma debía respetar y esa misma única, era la que me había saltado pero con larga distancia y todo. 

¡No acostarse con el jefe, jamás!

Un buen empresario no retosa con los clientes, subordinados y menos, con el jefe o los socios.

En cualquiera de aquellas variantes estaba metiendo la

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