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Estaba en casa... no me lo podía creer.

De vuelta a la casa de mis padres. En mi momento más vulnerable, donde necesitaba el cariño que solo mi mamá podía darme.

La llegada fue apoteósica. El mastín de mi padre casi me mata cuando intentó subirse encima de mí para saludar.

Los dos gatos castrados de mamá me rompieron los lazos de mis zapatillas con sus rumiantes saludos y como colofón mi se&n
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