Elyn ajustó con fuerza el agarre sobre su bolso de tela mientras permanecía de pie frente al ascensor ejecutivo, en el pasillo, con evidente nerviosismo. Delante de ella, tres hombres corpulentos, vestidos con trajes negros y gafas oscuras, permanecían alineados como un muro infranqueable de cemento. Su presencia era rígida e intimidante.
—El Gran Señor nos ha ordenado escoltarla hasta el aula, señorita Berlyn —informó uno de los guardaespaldas con voz grave y desprovista de emoción.
Elyn retro