La puerta de comunicación entre ambos despachos se deslizó sin emitir el menor sonido.
Dave Moreno permanecía de pie en el umbral, observando a Elyn, que seguía concentrada revisando los documentos sobre su escritorio. Las mangas de su camisa negra estaban remangadas hasta los codos, dejando al descubierto los tensos músculos y venas de sus antebrazos.
El hombre carraspeó brevemente, rompiendo el silencio que se había instalado en la estancia.
—Juna.
La profunda voz de barítono de Dave resonó e