El cielo nocturno sobre las afueras de la ciudad estaba cubierto por una capa grisácea, tan sombría como el hollín adherido a las paredes exteriores de aquel deteriorado complejo de apartamentos de cuatro plantas.
Dentro de una estrecha vivienda de apenas unos pocos metros cuadrados, el olor a humedad provocado por las filtraciones de lluvia y las paredes cubiertas de moho impregnaba el ambiente.
Ya no quedaban los brillantes suelos de mármol italiano del lujoso ático donde Victoria había vivid