La intensa luz del sol atravesaba las cortinas de la habitación VIP del hospital, pero el ambiente dentro de aquel lugar se sentía mucho más frío que el hielo.
Dave permanecía inmóvil en medio de la habitación. Su mano, que aún sostenía los restos destrozados de un teléfono móvil, se aflojó lentamente hasta dejar caer los fragmentos electrónicos sobre el suelo de mármol. Acto seguido, abrió el cajón de la mesita de noche, sacó un teléfono satelital secreto y marcó un número de acceso rápido.
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