—¡Señor, suélteme! ¡No me arrastre así! —protestó Elyn, medio gritando.
Sin embargo, la firme mano de Dave sujetando su muñeca no aflojó ni un poco. Con un fuerte tirón, arrastró el voluptuoso cuerpo de Elyn hacia el lujoso baño revestido de mármol negro y cerró la puerta tras ellos con fuerza.
—Ya te lo dije, báñame, Elyn. No contradigas las órdenes de tu amo —dijo Dave con frialdad, aunque sus ojos brillaban divertidos.
Sin ninguna vergüenza, se quitó la bata negra que llevaba puesta, dejando