El sonido del agua que aún goteaba tras la lluvia al otro lado de la ventana todavía no había cesado por completo cuando Michael permanecía de pie en el balcón de su apartamento. Su mirada contemplaba el resplandor de las luces de Nueva York reflejándose sobre las calles mojadas. Después de la tensa cena con toda su familia, aquella decisión terminó cristalizándose por completo en su mente.
El joven tomó el teléfono que descansaba sobre la mesa y marcó un número que, últimamente, ocupaba cada