La habitación VIP quedó repentinamente en silencio después de que Berlyn pronunciara aquella frase que durante tanto tiempo había sido la espina más dolorosa clavada en su corazón.
La pregunta quedó suspendida en el aire, pesada y asfixiante.
Berlyn bajó la cabeza. No se atrevía a mirar a Dave a los ojos, temiendo encontrar en ellos una decepción que terminaría destrozando su propio corazón.
—Dave... pero yo no podré darte hijos... —susurró Berlyn nuevamente, con la voz temblando violentamente.