Berlyn llevaba casi dos horas acurrucada sobre la cama, con el rostro hundido entre una pila de suaves almohadas. Sin embargo, el sueño se negaba por completo a visitarla. La parte posterior de su cabeza palpitaba débilmente, mientras que la oleada de calor que había recorrido su cuerpo debido a lo que Dave había hecho antes aún dejaba un rastro irritante. Aquella sensación de deseo interrumpida a mitad de camino hacía que todas sus articulaciones se sintieran débiles y, al mismo tiempo, cosqui