Una vez que aquel breve pero afectuoso abrazo de hermanos se deshizo, Dave Moreno consultó de reojo su reloj inteligente. Su atlético cuerpo, aún semicubierto, conservaba el calor residual de la cama, y el apetito que despertaba el aroma de la comida hacía que la atmósfera de la mañana se sintiera sumamente viva.
—Iré primero a la habitación a asearme y prepararme —dijo Dave con su pesada voz barítona, la cual resonó baja mientras acariciaba fugazmente la coronilla de Elyn con sus toscos dedos—