Oía voces lejanas que me hablaban, no entendía lo que me decían. Estaba como en un sueño, era como en esas películas en las que uno se convierte en espíritu y vaga por encima de tierra firme. Veo gente alrededor de mi cuerpo pero no podía ver de quienes se trataba ni porque me encontraba dormida.
En eso siento como un sacudón en el pecho, seguido de otro y otro más y comienzo a desvanecerme. Todo vuelve a quedarse negro.
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Mientras, en el bufete de abogados, Ignacio está reun