La realidad del mundo suele ser demasiado cruda para que la aceptemos de primera mano, por eso nos refugiamos en los rincones de interacciones idealizadas, nuestro cerebro busca un lugar seguro y a falta de aquello lo inventamos o decidimos creer en el invento de alguien más.
La soledad y la incertidumbre siempre fue parte de mi vida hasta que llegó él, era todo lo que estaba bien para mí, a pesar de que mi realidad no había cambiado en absoluto parecía más tolerable junto a su presencia.
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