CAPÍTULO 20.
A primera hora de la mañana siguiente, el sol apenas asomaba por el horizonte, y Antonia ya tenía todo listo para el desayuno. El aroma del café recién hecho se mezclaba con el suave olor a panecillos horneados, creando una atmósfera cálida y reconfortante en la cocina.
—Vamos, niña Marina. Evelio viene por ti, apresúrate, ¿Cómo es que todavía no has salido de la habitación? —La voz de Antonia, cargada de cariño, resonó en la puerta de la habitación.
Marina, envuelta en la calidez de su toalla,