37. EL COMIENZO…
Lucero
Las cosas pintaban bastante mal, peor de lo que imaginé, y más porque los minutos corrían a la par de los kilómetros preocupándome en gran medida. No tenía ni idea de en dónde estábamos más allá del hecho de encontrarnos muy a las afueras de la ciudad y la bodega en la cual se adentró Ramiro estaba vigilada por muchos hombres armados que cuidaban los alrededores.
—¿Qué estás esperando? ¡Bájate! —ordenó Rosario quien haló de mí haciéndome tropezar y habría terminado en el suelo de no se