—¡Nunca en tu puta vida, vuelvas a tocarme la cara!
Rebecca tira de su brazo, Emilio la suelta y sale de la mansión. Sube a su coche sin mirar atrás.
La pelicastaña, apenas escucha el rechinar de los neumáticos sobre el asfalto. Traga en seco para ocultar su desconcierto frente a la empleada, quien parece disfrutar con lo ocurrido. En ese instante, escucha los pasos provenientes de la escalera y ve a su madrina bajando junto a Sofía.
La niña corre a los brazos de su hermana para abrazarla,