—¿Y cómo estás? —interroga la pelirrubia.
—Bien —contesta con cierta incomodidad.
—¿Te gustaría acompañarnos a mí y a mi madre a almorzar? —pregunta observando con detalle el helado de que Rebecca estaba disfrutando segundos antes de que ella llegara.
—No te preocupes, ya debo irme, mi esposo me espera para almorzar. Sólo me detuve por un antojo, ya sabes cuando estás embarazada hay que cumplirlos —dice con premeditación y alevosía.
—¿Estás embarazada? ¡Felicidades! —exclama con excesiv