El móvil de Yolanda se revienta con mensajes, la mujer despierta. Tantea con su mano hasta que logra tomarlo. Atiende la llamada que ha estado evitando desde que habló esa tarde con Enzo Ferrer.
—Yolanda, por fin me atiende ¿Qué ocurre?
—Lo siento abogado, no era mi intención preocuparle.
—¿Y bien, dígame? ¿Hizo lo que le pedí?
—Sí, lo hice. Pero no estoy dispuesta entregarle esas pruebas.
—¿Qué dice? Es nuestra oportunidad de liberar a su hijo y de meter tras las rejas a Enzo.