Rebecca deja a un lado su móvil y baja hasta la biblioteca donde Emilio se encuentra. Toca la puerta, antes de entrar.
—Sí, adelante —contesta él.
Ella abre la puerta y entra a la habitación. Emilio levanta el rostro.
—¿Podemos hablar? —pregunta ella al verlo ocupado.
—Sí, claro —cierra el computador portátil y le ofrece asiento.— Dime, qué te ocurre.
—Es mi padre, se niega a que traiga a Sofi a Alicante.
—Por Dios, desde cuando a tu padre le importa la niña. Eso es absurdo, la mism