—¡Olivia! —exclama él, y oigo su boca pronunciando el nombre de su antigua mujer.
Me giro para ver el rostro de mi rival. Mi gran sorpresa, es reconocer que aquella mujer es la doctora Correia.
¡Es Olivia, la doctora que operó a mi padre!
Ella le contesta con voz aguda, ahora no me cabe la menor duda de que se trata de la misma persona:
—¡Sí, Emilio! —Le responde.— He vuelto.
Miro al sacerdote, quien continúa en medio de la ceremonia mirando a Emilio y luego a aquella mujer como si yo n