Ignacio hábilmente logra acercarse al galpón. Vistiendo una braga azul curtida y manchada con restos de grasa se dirige hacia la entrada donde se encuentra el único vigilante del galpón.
—Buenos días, trabajo con el Sr Enzo Ferrer y me envió para revisar algunos vehículos. —el hombre lo mira dudoso.
—El Sr Ferrer estuvo hace una hora aquí y no mencionó que alguien vendría —esgrime.
—Sí, es que acordamos que yo vendría hace una hora, pero se me presentó un inconveniente familiar, ya sabes,