Capítulo 8 – El deseo prohibido
La lluvia cae con una fuerza extraña esta noche. Es como si el cielo descargara todo lo que yo llevo adentro.
Cada gota que golpea el ventanal parece marcar el ritmo de mi respiración agitada, de este deseo que intento negar, pero que crece más cada día.
La casa está en silencio, tan callada que hasta el tic–tac del reloj me resulta insoportable.
Camino descalza por el pasillo, con una taza de té que ya se enfrió hace rato. No puedo dejar de pensar en él. En V