Thelma escribía en su diario también, al igual que Gema, ella sólo lo hacía cada vez que se desvelaba, era una costumbre que ambas adoptaron desde niñas.
Rubén la vio despierta y pensó que tal vez necesitaba hablar con alguien.
—¿Quieres que prepare dos tazas de café? yo tampoco tengo mucho sueño.
—Siéntate Rubén yo prepararé el café, aunque no te creo que no tengas sueño, tu quieres que yo te cuente lo que me pasa— Thelma cerró la libreta y dejó el bolígrafo sobre la mesa para levantarse a pr