Observo la nieve caer lentamente, cubriendo la copa de los árboles y las calles como si todo el mundo se tiñera de blanco silencio.El vapor del café se eleva desde mi taza y me trae recuerdos de aquella maravillosa noche con Víctor. Él también había preparado café esa vez… y nos quedamos hablando hasta altas horas, entre risas, miradas cómplices y sonrisas que decían más que cualquier palabra.
Recuerdo cómo me escuchaba, con esa paciencia tan suya, cuando yo decía “nada” para esconder un “todo”