Abrió la puerta y un silencio sepulcral envolvió la habitación.
El espacio era, en efecto, amplio. El ventanal del balcón ofrecía una vista hermosa de Sevilla bajo un cielo de atardecer teñido de naranja. Pero en el centro de la habitación, solo había un objeto que acaparaba toda la atención.
Una cama king-size. Una estructura de madera sólida y un colchón que parecía extremadamente cómodo.
Solo una.
—Espera —rompió Sofía el silencio con una voz que era casi un susurro—. ¿Dónde está la otra cama