Una cachetada, resonó en toda la habitación. Abrí los ojos con sorpresa al percatarme, lo que había hecho. Aterrada, cubrí mi rostro con lágrimas y el corazón bombardeando con fuerza ¿Cómo se me ocurrió?
—Yo…
—¡Largo! –exclamó y su voz bramó.
—Yo…
—¡Largo! –exclamó furioso tomándome del cuello. Mis pies ya no tocaron el suelo, estaba flotando en el aire sintiéndome con falta de oxígeno. Aquello no pareció interesarle, porque siguió enojado. Hasta que empecé a tener sueño.
Me soltó, y me dí un f