Lo hago, Armand es mi hijo, es lo único que aun llena mi vida–afirmo con seriedad la rubia desafiando a ese hombre con la mirada—
Los ojos del pelirrojo menor se agrandaron por este comentario. El en su mente siempre pensó lo mismo que Gustav, ¿pero que más podía hacer?, el era un niño después de todo, dependía de un adulto lo quiera o no y ella, la rubia a la que llamaba madre, era la única que alguna vez le abrazo con ese incondicional cariño y amor, solo en ella confiaba, solo con ella querí