Dios… sálvame por favor… —rogaba cierto rubio hecho piedra—
Tarado –pensó el pelirrojo quien se sentaba a su lado mirando a su mejor amigo con una gota en la cabeza, no todos los días lo veía babear como un idiota, aunque la situación era ya común—
Se preguntarán, ¿Qué situación?, pues si se ve de lejos, la escena es un salón de clases. Todos estaban muy concentrados en aquel papel blanco que yacía en sus bancos, bueno, casi todos, la excepción como podrán adivinar era el pequeño rubio Dougla