Se revolvía el cabello con desesperación total. Miraba y miraba papeles, no encontraba solución a ello, ni una pequeña solución…
¡Nada!
Sintió como dejaron un tazón de café cargado en su escritorio, él lo había encargado y se lo trajo justo como le gusta, en ese momento lo único capaz de tranquilizarlo era un tazón de café y la compañía de aquella mujer que se lo trajo.
No todo está perdido Frank, aun puedes hacer algo, sé que se puede –expreso con preocupación la rubia mirando a su ahora novio