17. Una arpía fuera de la hacienda
— Steve, yo…
— Márchate, ya escuché lo que necesitaba.
— Usted y yo, luego hablaremos – le dijo al mayordomo que lo miró suplicante, pero entendió que era peor quedarse, para lo que vendría a continuación, así que salió con rapidez, cerrando la puerta.
Al pasar por al lado de Jennifer, ella le dio una mirada mortal, con la cabeza aún baja, pero ya el viejo mayordomo no le tenía tanto miedo como antes.
Comprendió, que solo estaba temiendo un farol y que tendría que haberla delatado hace mucho t