16. Las mentiras de Jennifer
Al otro día, Steve se levantó con el cuerpo, todo pegajoso de tanto sudar, pero más recuperado.
Al menos la fiebre ya había bajado y la cabeza no dolía como si se la hubiesen abierto a la mitad.
Miró alrededor buscando a Emma.
La recordaba cuidándolo toda la noche, en sus momentos de estar medio dormido.
Steve se pellizcó el puente de la nariz suspirando, arrepentido por haberla hecho pasar tan mal momento.
Como si no tuviese suficiente con cuidar un bebé a todas horas.
Se levantó, estirando t