La luz matutina entraba por las ventanas de la habitación, suavemente filtrada por las cortinas de lino. Era un día tranquilo luego de algunos meses, sin demasiados ruidos en la casa, y en el centro de esa paz, Leonardo estaba sentado en su silla de ruedas, sosteniendo a Leonora en brazos.
La pequeña vestía un enterizo blanco con pequeños ositos bordados, y sus ojos grandes y oscuros observaban a su padre con una fascinación que sólo los bebés pueden expresar.
Leonardo movía suavemente los dedo