El regreso a la finca fue mucho más emotivo de lo que Camila había esperado. Aunque su cuerpo aún arrastraba el cansancio del parto, de las horas interminables en el hospital, su corazón latía con una mezcla intensa de ilusión y nerviosismo al atravesar las grandes puertas de la propiedad.
Cada rincón parecía más luminoso, más acogedor, como si la casa misma hubiera estado esperando este momento junto a ellos.
El auto avanzó lentamente por el sendero arbolado, y en cuanto se detuvieron frente a