—Tranquila, Lili. Ya todo está bien, su enojo ahora es conmigo, no contigo. Tú sólo recibes órdenes —en su oficina, Zack intentaba consolar a la asustada muchacha.
Liliana se limpió las lágrimas y asintió.
—¿Sheily alguna vez se sobrepasó contigo? —quiso saber él. Los ojos de Liliana se abrieron como platos—. Me refiero a si ejerció violencia física, no pienses mal.
—No, nada de eso, pero sus palabras... Cuando se enoja no controla lo que dice y eso puede doler más que un golpe. En fin, debo s