Capítulo 63. No voy a firmar ese divorcio
El goteo del suero en la habitación 402 marcaba el ritmo de una condena. Becca mantenía la mirada fija en el ventanal, donde el cielo de Nueva York empezaba a teñirse con los tonos grises del atardecer. No había luz en la estancia, solo la penumbra que la envolvía como un manto protector. Su mano derecha seguía fija sobre su vientre, un gesto que ya no era una caricia, sino un escudo.
Cuando la puerta se abrió con un suave clic, Becca no se movió. Pensó que sería Connor otra vez, regresando c