El restaurante se llamaba Nonna's, escondido en una calle lateral que Michaela nunca hubiera encontrado sola. No tenía el glamour pretencioso de Le Bernardin ni la frialdad de acero de los lugares donde Nick la llevaba. Las paredes eran de ladrillo expuesto, había manteles a cuadros rojos y blancos, y olía a ajo, albahaca y pan recién horneado de una forma que hizo que su estómago rugiera avergonzantemente fuerte.
Claudio ya estaba sentado en una mesa junto a la ventana, leyendo algo en su tabl