La sonrisa de Sofía no había cambiado. Seguía ahí, perfecta y afilada como un cuchillo de mantequilla caro, mientras sus ojos oscuros estudiaban a Michaela con la precisión de alguien evaluando a la competencia.
—Bueno, no te quedes en la puerta, querida. —Sofía hizo un gesto hacia la mesa—. Tenemos mucho que discutir y el tiempo es dinero, como dice Nick.
Michaela entró a la sala, muy consciente de que su blusa de Zara y sus tacones de oferta se veían patéticos al lado del traje de diseñador de Sofía. Se sentó en la silla más alejada de donde Nick y Sofía estaban parados, lo cual resultó ser un error porque ahora tenía que verlos juntos con dolorosa claridad.
—Wagner Industries está amenazando con demanda. —Nick habló sin preliminares, deslizando una tablet hacia Michaela—. Alegan que la campaña que diseñamos violó términos de confidencialidad al exponer estrategias internas.
Michaela tomó la tablet y comenzó a leer, pero era difícil concentrarse cuando Sofía se movió para pararse ju