Adam se agachó a mi altura, mirándome fijamente.
—Duerme conmigo, Holly.
Me cortó el aliento por su proximidad.
—No, estoy muy cansada—me excusé.
Sonrió ligeramente.
—No pasa nada, te pedí que durmieras conmigo.
—¿Cómo sé que mantendrás tus manos quietas?
Caminé hacia mi habitación.
—¿Eso es un sí?
Tomé mi ropa de dormir y me metí a la ducha, pero esta vez cerré con seguro.
Fue un día agotador y mañana lo será más, había estado evitando todo este tiempo a mis familiares, apenas podía soportar l