De vez en cuando, al despertar, salgo muy temprano, me calzo los tenis y una sudadera para salir a trotar la cuadra.
Son las cinco de la mañana cuando salí despacio de mi casa, sin despertar a nadie, cerré con llave y me amarré el cabello. Aún estaba algo oscuro cuando comencé a trotar por la calle del vecindario, algunas luces de las casas ya se habían encendido.
Mientras hacía mis respiraciones, vi el cielo entre las pocas copas de los árboles, respiré profundo, llenándome del aire fresco por