Cerró los ojos por un momento, inhaló profundo y después los volvió a abrir, había recobrado ese semblante intenso, salvaje, imponente, como si hubiese crecido tan alto que tenía que estirar el cuello para verlo. Abrumador.
Estiró el brazo hacia la mesilla donde estaban las lámparas y abrió el cajoncillo, tomó una tela roja y me miró fijamente.
—Tu clave será Jane.
—¿Clave?
—Si ya no quieres seguir, solo di la palabra Jane.
Lo miré incrédula.
—¿Jane? —sonreí levemente—¿Cómo Jane Austen?
—Muy gr