—¿Seguro que no hay otra forma de subir? —pregunté entre jadeos.
Llevada hacia el piso de arriba sobre el hombro de Adam como un saco de papas, parecía que se le hacía costumbre o simplemente era un tic marcado en su personalidad de cavernícola. Milagrosamente parecía que no había nadie en el Chateu.
—No protestes—me dio una zote.
Me mordí el labio para no decir nada más. De alguna manera, el ambiente entre los dos era mejor, incluso relajado, aunque me temía que solo fuese en este lapso.
Subió