Me ardía todo el rostro por la vergüenza, sentía todos los ojos de los empleados de Adam en mí, y más vergüenza sentía porque estaba caminando sin bragas.
Dios.
Jamás en mi vida había hecho tal cosa.
Bruto Adam, no había dejado que me colocara otras bragas, simplemente me arrastró hacia abajo, pidió una bolsa de hielo, una venda y un ungüento para mi muñeca y nos subimos a su auto. Me había tirado las cosas a un lado para que me las pusiera, como si todo lo que había sucedido antes, en realida