Me vestí a conciencia.
Debía estar seria y presentable si nos enfrentaríamos a esas malditas sanguijuelas. Falda negra hasta el muslo y camisa azul a rayas blancas, me acomodé el escote, de botones abiertos.
Tenía la cabeza zumbante, no pude dormir mucho, pensando en lo que estaba pasando.
Escuché la ducha cerrarse y después, Nicholas salió con un albornoz enredado en su cintura y el agua escurriéndole por el pecho. Caliente. Ahg, no podía quitar los ojos de encima de ese hombre tan... tan c