Salí de la sala de reuniones, la chica secretaria, levantó los ojos de su laptop, un tanto apenada, un tanto miedosa.
—Oh, señorita, el señor la espera en su despacho—se apresuró a decir, busqué con la mirada el lugar—, es ahí señorita —me señaló hacia la única puerta en el fondo.
—Gracias —le intenté sonreír y asentí.
Comencé a caminar, para enfrentarme de nuevo al bruto ese.
Quedé a unos pasos de la puerta, mi bolso comenzó a vibrar y rebusqué rápidamente hasta que lo apreté en mi mano y vi q