El mensaje en el auto de Vincent era imposible de ignorar. "TRAIDOR", escrito con una pintura roja que goteaba de manera dramática sobre el capó negro y reluciente de su Maserati.
—Oh, vaya… —murmuré, con una mezcla de horror y admiración—. Al menos tiene buena caligrafía.
Vincent, en cambio, no parecía compartir mi apreciación artística. Su mandíbula se tensó y su mirada se oscureció. Dio un paso adelante, pasando los dedos sobre la pintura aún fresca, dejando una mancha carmesí en su piel.
—L