—Havana, hay algo que necesito mostrarte —dijo Vincent con una seriedad inusual, tomándome de la mano mientras nos alejábamos del bullicio del club.
El calor de su palma era reconfortante, pero su tono me puso en alerta. No era común verlo tan... ¿tenso? ¿preocupado? Y aunque su andar era firme, su mandíbula estaba apretada y sus ojos brillaban con un fuego que no supe descifrar.
—¿Me vas a llevar a otro de tus cuartos secretos? Porque ya perdí la cuenta —bromeé, intentando aligerar el momento.