C76. El último refugio.
Giovanni Ferrari
Entré al despacho esperando encontrar el silencio sepulcral de siempre, pero lo que vi me detuvo el aliento.
Francesca estaba allí, colapsada contra la madera oscura de mi escritorio. Tenía el informe de Aníbal apretado contra el pecho, estrujándolo como si fuera la única prueba de que aún estaba viva. Sus ojos, antes cargados de un juicio gélido que me quemaba la piel, ahora eran dos pozos de agonía pura, despojados de todo rastro de arrogancia.
—Giovanni... ya lo sé todo —su