18. No te dejaré ir otra vez
Todo su cuerpo se tensa, y es peor porque siente la mala vibración en su vientre y en su pecho. Un nudo se forma en su garganta al tan sólo imaginar que Paul sepa la verdad. Si fuera por ella ya se hubiese levantado del mueble sólo para huir como una cobarde. Roxanne necesita tener que aguantar la tos que se apresura en hacerla callar pero no puede controlar el miedo que siente cada vez más.
Se quita la manta que cubre su regazo y antes de que el doctor de otro paso más toma su muñeca.
—¡No!