Capítulo 66. El eslabón podrido.
La puerta de madera gris se cerró. El clic metálico resonó en la cocina vacía. Olivia se quedó sola. Apoyó la espalda contra la encimera de acero helado. Respiraba por la boca. El corazón le latía en la garganta, zumbando en sus oídos. El calor de Liam seguía quemándole la piel.
Cerró los ojos por tres segundos. Suspiró. No te muevas de aquí. Esa fue la orden de él. Pero Olivia no recibía órdenes. Y menos cuando la adrenalina le corría por las venas. Abrió los ojos, se arregló el cuello de la c