Capítulo 29. ¡Es una trampa!

Adelaida hizo una seña al guardia, que abrió la reja metálica. Ella entró a la celda. El olor a su perfume caro, a rosas antiguas y dinero, chocó contra el olor a desinfectante y desesperación del lugar.

—Mírate —susurró Adelaida, acercándose a él. Le tocó la mejilla con una mano enguantada. No había burla en su gesto, solo una lástima maternal que desarmó a Liam—. Mi pobre niño. Te advertí que esto pasaría.

Liam retrocedió, rechazando el contacto.

—¿Tú me hiciste esto? ¿Tú llamaste a la polic
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